sábado, 6 de agosto de 2011

...Y VAN DOS: Vicente Nieto y Guillermo Zúñiga


PÚBLICO PEIO H.RIAÑO



Aparecen miles de fotografías de la Guerra Civil del padre del cine científico español. En estos momentos se clasifican negativos, películas y documentos de un archivo inédito del artista, a quien desde el Ministerio de Cultura comparan con el gran fotógrafo húngaro. La memoria no avisa. Ha vuelto a salir de entre un montón de cajas y trastos, polvo y olvido. La memoria habla de nuevo y esta vez trae, como una marea que se retira para regresar con más fuerza, un archivo fotográfico sobre la Guerra Civil española de una magnitud incalculable según los expertos que lo tienen ahora mismo en sus manos. La casualidad ha destapado miles de fotografías, películas, cartas y legajos de Guillermo Fernández López Zúñiga, nombre completo del que se considera padre del cine científico en España y al que todos conocían como Guillermo Zúñiga (1909-2005).


Acceso al artículo completo de Peio H. Riaño:


Primera parte: GUILLERMO ZÚÑIGA

Segunda parte: GUILLERMO ZÚÑIGA



Acceso al reportaje gráfico de GUILLERMO ZÍÑIGA:







viernes, 8 de julio de 2011

EL MILICIANO QUE RETRATÓ LA GUERRA REGRESA A LOS 75 AÑOS


Navalperal de Pinares, 8 de julio de 2011

Vicente Nieto Canedo, administrativo de El Socialista, protagoniza el epílogo de una muestra sobre la Guerra Civil en la comarca



Viente Nieto recibe una placa de manos del alcalde, José Luis Bartolomé.

JUAN CARLOS HUERTA-ABARGUES

Han pasado exactamente 75 años menos un mes desde que pisara este mismo suelo y oteara las mismas lomas en las que los milicianos de Mangada, una amalgama de mineros asturianos, guardias civiles, guardias de asalto, sindicalistas y paisanos voluntarios defendieron a sangre y fuego la II República.
Coincidiendo con la publicación de sus instantáneas por parte del Ministerio de Cultura, este nonagenario recorrió ayer la exposición y se reencontró con algunos de los escenarios que fotografío durante algo más de dos meses. «Estoy contento de haber hecho historia», confiesa.
El desarrollo de la guerra miliciana en Ávila influyó en la estrategia de Franco y sus generales en la toma de Madrid en el otoño del 36; pero no sólo eso, el eventual despliegue de las tropas improvisadas a la sazón por la República a punto estuvo de abrir las puertas de Castilla a los leales al Gobierno y desbaratar gravemente la ofensiva golpista en todo el Norte de España.
A pesar de que Ávila, por tanto, fue una de las pocas provincias de Castilla y León donde se produjeron auténticos hechos de armas, este aspecto de su pasado, y otros relacionados con la Guerra Civil, persisten apenas perfilados en la neblina de la historia local.
Por ello, la exposición del periodista abulense Andrés Bartolomé en Navalperal de Pinares, ‘La Guerra Civil en la zona de Pinares. La Columna Mangada en Navalperal’ contribuye a devolver la estima que se merecen estos episodios a través de las huellas de la contienda y el valioso testimonio de quienes la vivieron.
Bartolomé, ex redactor de Diario de Ávila y hoy periodista de La Razón- lleva años escrutando dichos acontecimientos y recorriendo las trincheras y puestos de guerra, hoy enterrados por la maleza y el tiempo. Como periodista de El Diario de Ávila reflejó en diversas ocasiones los hallazgos de esta arqueología bélica, que también ha mostrado en la sala de exposiciones de su localidad, Navalperal de Pinares. La muestra, que se clausura mañana y que ha permanecido abierta desde comienzos de mayo, no es una más. En esta ocasión, además de reivindicar un museo permanente de la Guerra Civil en Navalperal, Andrés Bartolomé ha incorporado imágenes inéditas de la guerra en Ávila, gracias a la localización del que fuera su autor, Vicente Nieto Canedo, un fotógrafo amateur miembro de la guardia personal del teniente coronel Julio Mangada, el célebre jefe miliciano que dirigió las acciones de guerra en territorio abulense entre el 23 de julio de 1936 y el final de la resistencia republicana en la provincia, a finales de octubre de ese mismo año. Al producirse el golpe de los generales africanistas, Vicente Nieto se alistó como voluntario en la Columna Mangada y con su cámara Kodak Baby Brownie fue testigo excepcional de la vida de la milicia en su avance por las sierras de la provincia de Ávila, retratando a los hombres en sus puestos de combate, pero sobre todo en la retaguardia, solitarios, posando en grupo, en bicicleta o afanados en el rancho diario.
«La idea de esta exposición ha sido reflejar cómo se vivieron los episodios bélicos en esta zona. Hay huellas y vestigios suficientes como para programar diversas iniciativas divulgativas». El asunto de la represión merece un capítulo aparte y un tratamiento diferente, que excede las pretensiones de esta muestra, según reconoce Bartolomé.
José Luis Bartolomé Herranz, alcalde ‘popular’ de la localidad, se mostró ayer favorable a la creación del museo permanente de los hechos de la Guerra Civil en Pinares, a la vez que entregó una placa a Vicente Nieto, en homenaje a su papel en la reconstrucción y comprensión de la historia reciente del pueblo y de la comarca.
Vicente Nieto, por su parte, rememoró su trabajo como administrativo en el histórico periódico El Socialista en los días previos al inicio de la guerra, a cuatro de cuyos directores trató y consideró sus amigos. De su memoria emergen los nombres de Cayetano Redondo y Julian Zugazagoitia, pero también de redactores como Francisco Cruz y Federico Angulo. «Anda que no nos hemos visto veces», subraya el ex miliciano ante una imagen de Indalecio Prieto en las vitrinas de la muestra. El despacho del que fuera después ministro republicano estaba ubicado cuatro plantas por encima del negociado donde trabajaba Vicente Nieto.
«Yo escuchaba a Azaña en la radio haciendo llamamientos a la defensa de la República, así que cuando me dieron 15 días de vacaciones en el periódico no me lo pensé y me alisté, pero yo no era fotógrafo, yo era mecanógrafo, lo de la fotografía fue una afición, una casualidad», explica.
Sin embargo, no es fácil sacarle evocaciones de la Guerra Civil, y menos de la que él vivió en Ávila. «No me acuerdo de nada. En aquellos días programé mi mente para no recordar nada. Podía ser peligroso si te capturaban». Dicho y hecho. Nada de nada. En su memoria ha enterrado la tragedia bajo la compacta amnesia de quien considera la guerra civil «la peor de las guerras posibles».
Cuando camina junto a Andrés Bartolomé observando las fotos colgadas en la exposición se acuerda de algunos nombres o de que la miliciana que carga una ametralladora era universitaria, de los lavaderos, de la brigada…. En una de las imágenes aparece él sentado en el campo y acodado sobre una caja ordenando material. «Es que yo quería seguir teniendo mi despachito», dice con ironía.
Al final de la guerra, se libra de ser fusilado, pero no de las cárceles ni de la purga como taquígrafo profesional. «Nuestro sueño era acabar contratados de taquígrafos en el Congreso de los Diputados». Su afición a la fotografía la rentabilizó como agente comercial, una de sus últimas profesiones. A Nieto Canedo se debe la introducción en España del famoso producto químico de fotografía Tetenal. Como fotógrafo recibió varios premios, uno de ellos de manos del propio Manuel Fraga precisamente por una imagen de la Muralla de Ávila.

EL TRÁGICO VERANO DEL 36

La consumación del golpe militar en Ávila, que comenzó en las guarniciones africanas en la tarde del 17 de julio, se retrasó unas horas por la inoportuna ausencia del comandante militar de la plaza, el coronel Manuel González Villamil. Asumió el mando rebelde el comandante de Infantería Vicente Costell. Al amanecer del domingo 19 de julio se precipitaron los acontecimientos: se decreta el Estado de Guerra, se difunde por las calles de la capital abulense el bando militar, se destituye y detiene a las autoridades republicanas y se ocupa la Casa del Pueblo, principal foco de resistencia.
La capital, sin embargo, se queda desguarnecida, vulnerable y amenazada por el Sur, el Este y el Oeste porque son muchas las localidades del medio rural afectas al régimen constitucional, donde socialistas, republicanos, ugetistas y, en menor número, militantes comunistas han constituido gestoras municipales y han respondido al llamamiento de armar al pueblo lanzado por lo que quedaba del Estado republicano en aquellas horas de caos, revolución e improvisación. Cerca de Ávila, en Mingorría, reciben a tiros a los golpistas.
La fuerza sublevada contaba el 19 de julio en la capital abulense con medio centenar de militares, muchos de ellos en tareas burocráticas en la Caja de Reclutas y en el Colegio Preparatorio, 80 guardias civiles, la policía municipal y milicias derechistas de la CEDA, las Juventudes de Acción Popular y unos 15 falangistas, cuyo jefe clandestino era un oficial de la Guardia Civil. A lo largo de la semana llegaron más falangistas y tropas, que en total sumaron otros 1.000 hombres, aunque casi la mitad de ellas lo hicieron el viernes 24.
Cien kilómetros más allá, en Madrid, nada más producirse el golpe liderado en esos momentos por Mola, el Gobierno republicano otorga al teniente coronel Julio Mangada, militar retirado, sexagenario, extravagante y ardiente defensor de la República, el mando de uno de los cinco batallones improvisados con urgencia y constituidos por voluntarios, al que entrega mil fusiles. Los hombres de Mangada juegan un importante papel en el asalto al Cuartel de la Montaña y a Campamento, sendas acciones que abortan la sublevación en Madrid y fraguan el prestigio de la columna y de su estrambótico jefe.
El martes 21, una avanzada rebelde toma Navalperal de Pinares y Las Navas del Marqués, donde la UGT tiene fuerza. El alcalde de Navalperal, Juan Pedro Herranz, amigo personal de Mangada, solicita su ayuda. El teniente coronel no se lo piensa dos veces y sale de Madrid en su socorro el mismo martes 21 de julio con cerca de un millar de combatientes. El jueves 23 reconquista Navalperal. Al día siguiente, tras coronar los puertos de La Lancha y la Cruz de Hierro, alcanza Aldeavieja, hoy Santa María del Cubillo, a tan sólo 23 kilómetros de Ávila.
Justo en ese momento, en la capital abulense se están celebrando los funerales por un jefe militar sublevado muerto en los combates del Alto del León. En medio de la misa alguien grita que la Columna de Mangada se dirige a la capital. Presa de la excitación, pero también del miedo, la muchedumbre abandona la iglesia. Los ciudadanos derechistas colocan sacos terreros en las murallas y en el puente de la estación de Renfe. Un grupo armado sale en camiones a hacer frente a la columna.
En Aldeavieja, Mangada se debate entre atacar Ávila o controlar Villacastín. Opta por lo segundo, ocupando esa misma mañana el nudo estratégico que representa dicha localidad. Una de sus cuadrillas expedicionarias se topa en Labajos con un grupo de falangistas. En el enfretamiento muere Onésimo Redondo, fundador de las JONS, liberado de la cárcel de Ávila por los facciosos y responsable de la radicalización violenta de la derecha en Valladolid durante la República, una ciudad castellana hasta entonces conservadora, pero serena y pacífica.
Si no fuera por los errores estratégicos de la República, una decidida intervención en la retaguardia del Alto del León apoyada en la incursión de Mangada y su columna hubiera desalojado a los franquistas de este punto vital en el acceso y en la defensa de Madrid, y allanado el avance reconquistador de las milicias madrileñas hacia la llanura castellana.
Los expedicionarios de la derecha abulense regresan a la ciudad amurallada envalentonados y achacan, unos a La Santa y otros a la Virgen de Sonsoles, la supuesta ‘espantada’ de Mangada. Los motivos de aquella decisión del militar republicano han sido una de las mayores incógnitas de la guerra en Ávila. El historiador abulense José Belmonte se inclina por la versión de Hugh Thomas y atribuye a la presencia en el Estado Mayor de la Columna de dos capitanes retirados de Intendencia, abulenses, con familia en la ciudad amurallada, «que bien pudieron servir de freno a Mangada, haciéndole desistir de sus proyectados avances hacia la misma» (’Ávila Contemporánea’. Ediciones Beta).
Tras la ofensiva en Guadarrama, Mangada y sus hombres son recibidos por una multitud en la Puerta del Sol madrileña. El militar recibe el fajín de general de manos de sus hombres. Desde ese momento, la columna crece en número hasta alcanzar unos 5.000 efectivos, se enseñorea en el Alberche, en Pinares, Gredos y El Tiétar y se convierte en un escollo importante para la estrategia franquista camino de Madrid. Algunos analistas atribuyen a la eficaz resistencia de los hombres de Mangada el hecho de que el mando rebelde optará finalmente por un ataque lineal a la capital desde el sur-sudoeste, basado en las fuerzas indígenas y legionarias de Yagüe, y descartara movimientos militares de circunvalación desde Ávila hacia la capital madrileña. Yagüe y sus tropas chocarían en noviembre con la resistencia sólida de Madrid y Franco decidiría abortar la conquista capitalina.
La Columna Mangada, que ha derrotado contundentemente en la serranía de Campoazálvaro y Navalperal a las tropas de Lisardo Doval, el militar que protagonizó la brutal represión en la Asturias del 34, resulta durante semanas invencible, apoyada por aviación leal llegada de Getafe y por trenes blindados.
En el resto de la provincia controlada por los republicanos, el aciago verano del 36 está marcado por una guerra de escaramuzas, en la que las plazas se pierden y se reconquistan con facilidad. A comienzos del otoño la situación da un giro. Las tropas franquistas, mejor organizadas y pertrechadas, consolidan sus avances y alcanzan sus últimos objetivos en la provincia el 24 de octubre, con la caída de Las Navas del Marqués. La Columna Mangada se dispersa a la altura de Santa María de la Alameda, para reagruparse posteriormente en Madrid e integrarse posteriormente en la 32 Brigada Mixta del Ejército Popular. El jefe Mangada irá ocupando papeles más secundarios en la guerra, hasta su exilio en Méjico, donde morirá en 1946.







martes, 21 de junio de 2011

LIBRO DE VICENTE NIETO CANEDO 2011


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ARCHIVO PDF:


Nuestra felicitación al Ministerio de Cultura; deseándole que no decaiga en su vocación de recuperar la fotografía del NEORREALISMO HISPANO. Y la Memoria Histórica, también, de la fotografía.




viernes, 10 de junio de 2011

VICENTE NIETO CANEDO CUMPLE 98 AÑOS

Hoy hemos tenido la satisfacción de celebrar el 98 aniversario de Vicente Nieto Canedo, junto a Carlos Miguel Martínez, fundador del grupo La Colmena. Ambos pertenecen a la generación que hizo posible el NEORREALISMO HISPANO en el siglo XX, y fueron miembros fehacientes de La Escuela de Madrid.

Haciendo honor a la Memoria Histórica, también de la fotografía, tomaron parte del colectivo de postergados. Fotógrafos malditos, como también los hubo en la poesía. No obstante, este año es el año de gloria para Vicente Nieto. Gracias al Ministerio de Cultura que ha reconocido su existencia como fotógrafo y ha sacado del ostracismo su obra; editando un magnífico catálogo y propiciando una exposición antológica en Salamanca, Ponferrada, León, Madrid y San Petersburgo. Por todo ello:

¡Felicidades, maestro!


Pequeño álbum de amigos








Preguntados ambos fotógrafos por aquel momento que la fotografía les haya hecho más felices, esto es lo que nos han contestado:

Vicente. "El día que compré mi primera cámara de 13 pesetas y cuando yo pude revelar en mi laboratorio, mis propias fotos".
Calos Miguel. "Los momentos vividos con los colegas de La Colmena, gozanado de la armonía del grupo; intercambiando nuestros punto de vista sobre la fotografía, salvando la noble competencia".



miércoles, 26 de enero de 2011

EL DIARIO DE LEÓN


Vicente Nieto Canedo

Fotógrafo


http://www.diariodeleon.es/noticias/noticia.asp?pkid=578835


Cultura salva 5.000 negativos del leonés Vicente Nieto

El Archivo de Salamanca recibirá unos fondos que abarcan la guerra y la posguerra en España


Con expresiones como «altísimo nivel», «calidad no habitual» o «enorme fuerza visual, basada en una extraordinaria simplicidad, un talento innato» describe el leonés Amando Casado, fotógrafo y estudioso de la fotografía, el arte de un paisano suyo, Vicente Nieto, cuyo nombre y legado acaban de ser rescatados y reivindicados por iniciativa del Ministerio de Cultura.


El pié de foto que reseña El Diario de León, no corresponde a esta imagen, que se trata de una impronta familiar posterior.



Pero los términos más empleados por cuantos se han acercado últimamente a examinar las imágenes de Nieto -”nacido en Ponferrada hace 98 años-” han sido los de «sorpresa total». Sorpresa por comprobar la existencia de imágenes de guerra de gran valor documental e instantáneas que describen a la perfección la vida cotidiana en la España de posguerra pero que hasta el momento habían pasado casi desapercibidas. «Es un auténtico -˜crack-™. -”explica Amando Casado, encargado de la clasificación de los archivos de Nieto-”. A los 18 años, y con una cámara muy rudimentaria que le había costado 13 pesetas, comenzó a tomar fotos del bando republicano, sobre todo de la retaguardia en Madrid, donde vivió desde niño y, cosa curiosa, las conservó, cuando muchos quemaban aquellos negativos por miedo a las represalias».

De forma paralela a su actividad profesional -”la de tipógrafo-”, Vicente Nieto siguió cultivando después su «desmedida pasión» por la fotografía, «lo que le llevó a formar grupo con algunos de los más grandes de la época, como Masats, Cualladó o Gerardo Bielva, pero de una manera completamente humilde, él jamás tuvo la más mínima intención de ser artista, quizá por eso lo fue, y con mayúsculas», precisa Casado.

Y así, la Dirección General del Libro acaba de adquirir 5.000 negativos de este profesional con destino al Archivo de Salamanca y a una serie de exposiciones que recorrerán el país. También se ha editado un amplio catálogo y un documental en el que Nieto -”locuaz y entusiasta-” habla de su vida ofreciendo detalles únicos. El más veterano miembro de la Real Sociedad Fotográfica, trabajador en la sombra, revelador de una España que poco tenía que ver con las soflamas del régimen, se plantó en 1965: jamás ha tomado una foto en color. En septiembre, Ángeles González-Sinde quiso conocerlo personalmente.

-”«Pero quién me lo iba a decir a mí, ¡recibido por una ministra¡», dijo entonces.