BREVÍSMO ENSAYO SOBRE LA FOTOGRAFÍA ESPAÑOLA



Por Pedro Taracena

Guillermo Zúñiga. Cuenca 1909 - Madrid 2005

Vicente Nieto. Ponferrada 1913 - Madrid 2013

La obra de ambos fotógrafos ha irrumpido en 2011, gracias al Ministerio de Cultura y sobre todo a la labor de la Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas bajo el apoyo de su titular, Rogelio Blanco Martínez. Constatando que había otros Capa y otros Centelles durante la guerra en España y en la post-guerra, sobre todo en Francia. Es evidente que la dictadura y sus herederos han postergado concienzudamente a todo autor de cualquier naturaleza; atribuyéndoles la posibilidad de delatar el genocidio encubierto durante 75 años.
En los años del franquismo, los fotógrafos de provincias retrataron los pueblos y sus gentes a modo de francotiradores. Eran los maquis de la imagen furtiva sin conocimiento de ello. Inconscientes de que estaban registrando la España que oficialmente se ocultaba. Se convirtieron en fotógrafos malditos, puesto que maltita era la causa que retrataban. Fueron los retratistas que hicieron las primeras fotos para el Documento Nacional de Identidad, allá por los años cuarenta; colocando detrás de los retratados una sábana blanca a modo de fondo. El trabajo de estos retratistas se viene recogiendo discretamente en las diputaciones provinciales como libros de autor: Bernardo Alonso Villarejo. Bembibre (León) 1906-1998), Tomás Camarillo. Guadalajara 1879-1954 y como sucede con el resto de la fotografía española, no hay ningún interés en disponer de un censo nacional. Aunque es de justicia manifestar que, en Catalunya se ha cuidado con mayor celo, el conocimiento y divulgación de sus fotógrafos. Otros retratistas se mantuvieron como los fotógrafos de cámara del franquismo, sin problemas con la cultura oficial. El resto de la actividad fotográfica en España, se desarrolla a través de las asociaciones que habían comenzado su andadura a principios del siglo XX. Ejemplo de ellas, la más que centenaria Real Sociedad Fotográfica de Madrid (RSF). Y siguiendo con iniciativas provinciales como la Agrupación Fotográfica de Guadalajara (AFG), ejemplo de asociación albergada bajo los auspicios de instituciones del Movimiento Nacional, como la Obra Sindical, Educación y Descanso y otras variantes. Unas y otras hacían de filtro para que nada eludiera el control de la cultura imperante. De esta conducta exclusiva y excluyente se desprende, que hubo una auténtica pléyade de fotógrafos que fueron marginados por causas ajena a la fotografía. Los presidentes de las sociedades fotográficas, ejercieron hasta bien entrada la democracia como auténticos caciques. Consultando las hemerotecas y sobre todo la revista Arte Fotográfico, dirigida por Ignacio Barceló, se constata que todas ellas mantenían una especie de federación informal, que servía para autocomplacerse, automotivarse y autoagasajarse. Estos mandos se rodearon de fotógrafos que siempre eran los elegidos, cuando eran requeridos por alguna instancia exterior a la sociedad: concursos nacionales e internacionales, o muestras y eventos fotográficos de cualquier índole. Sólo cuando el acceso del fotógrafo era directo a los jurados de turno, tenían la oportunidad de que su obra fuera valorada y divulgada. Esta  conducta marcó la versión oficial de los fotógrafos que debían considerarse como los más representativos. Es preciso aclarar en honor a la realidad histórica, que en Catalunya este control franquista no existió.  Aunque nadie podía eludir la férrea censura, no dejaron a ninguno de sus fotógrafos en la cuneta. A cualquier observador no se le escapa que en Catalunya se tomó conciencia de que habían perdido la guerra, y que en lo cultural no quisieron ejercer de franquistas contra sus propios fotógrafos. Mientras en Madrid estaba bien visto que un presidente de una asociación fuera adicto al régimen, Catalunya mantuvo su discreta independencia. Pero lo más grave de este comportamiento es que se prolongó hasta nuestros días; trayendo nefastas consecuencias para la Historia de la Fotografía en España, manteniendo el cliché oficial que aún perdura. La primera década del siglo XX es un buen momento para que el Ministerio de Cultura se haya propuesto crear un Museo Nacional de la Fotografía, que conjuntamente con la Memoria Histórica, se consiga recuperar creativos de la imagen analógica; parcela separada del tratamiento que de la imagen se hace a partir de la obtención digital. No obstante para cumplir este objetivo acechan dos peligros: ¿Dónde está la obra de los fotógrafos malditos, postergados en los años 1950, 60 y 70? Este peligro podría evitarse con la colaboración de: asociaciones fotográficas, historiadores, comisarios, coleccionistas, galeristas, hemerotecas periódisticas, fundaciones y muesos de arte contemporáneo. Y el segundo peligro es que el Partido Popular gobierne España a partir del mítico 20-N. Sin duda que todo aquello que suponga una amenaza a mantener viva su encubierta militancia franquista, lo arrancarán de raíz.