UN FOTÓGRAFO SIN PRETENSIONES

Un paseo por Salamaca en busca de la Memoria Histórica a través de sus épocas


Exposición de Vicente Nieto

Cuando un pueblo adormecido por el miedo y la tiranía, olvida que vivió para salvar su vida, pierde su arraigo y mutila su historia. La recuperación de la Memoria Histórica de España no ha hecho nada más que empezar. El espejismo de la impecable transición y la perversa creencia de que la Constitución de 1978, consagraba la reconciliación entre los españoles, ha cerrado la herida del genocidio en falso. La España triunfante de la contienda y la dictadura, aún enaltecen sus privilegios y motines de guerra, lejos de condenar aquel régimen infame. La hora de la recuperación de la Memoria Histórica, también, del universo fotográfico empieza a ser una realidad. Al margen del fotoperiodismo de guerra o de los movimientos puramente fotográficos. La exposición de la obra de Vicente Nieto Canedo en el Palacio Episcopal de Salamanca, es una bocanada saludable de aire fresco. Un paseo por la vetusta ciudad para perderse después entre los noventa mundos del longevo fotógrafo, es vivir una retrospectiva que desborda los muros que la  cobijan. Sobre las imágenes de este ponferradino ya han hablado los doctos en la técnica de crear imágenes. Aunque sea curioso y un tanto paradójico que hayan sido capaces de deducir, analizar y obtener mucha más información, que el propio autor sea capaz de asumir. Pero los genios quizás se descubren así. No obstante, los críticos de arte no podrán suplantar la percepción que vive el espectador, a través de las noventa fotografías de su creador.


Palacio Episcopal

Al contemplar la primera época de la exposición, relativa a los años de la guerra y la inmediata post-guerra, Vicente Nieto Canedo toma parte de una  clandestinidad que le marcará durante toda su vida. No ausente de terror es consciente que ha escapado de la muerte. Muy recientemente ha dado muestras fehacientes de que el espanto aún le acompañaba. No hace mucho tiempo, consultando datos  en su biblioteca, se encontró una Biblia de las que se vendían de lujo en los años del nacionalcatolicismo. Preguntado por la presencia de este libro, respondió que: “lo tenía preparado por si registraban su casa”. Y recientemente una periodista publicó alguna información sobre su participación en la guerra en defensa de la república, y le manifestó su total desacuerdo y se lo hizo censurar. Suele decir que en su barrio hay muchas pintadas amenazantes, y esto le coarta su libertad de expresión. Estos temores no tienen fundamento real pero sí en el mundo interior del fotógrafo.


Puente Romano


Penetrando en su etapa del documentalismo asumido más o menos consciente, Nieto como muchos de sus colegas no se significaba en lo político, pero los vencedores de la guerra no lo olvidaron jamás. Mientras él era el laborioso responsable del Boletín de la Real Sociedad Fotográfica, su obra y la de sus compañeros de La Colmena, no les otorgaron ninguna importancia. Cayeron en el ostracismo más desolador. Leyendo las hemerotecas de la RSF, se debatía sobre la intencionalidad de los fotógrafos, a la hora de hacer tomas del NEORREALISMO HISPANO, pero los que asumían la cultura imperante, les interesaba quitar de la voluntad de los fotógrafos, toda intención de denuncia social. Cuando se recorre el itinerario fotográfico de Vicente Nieto, la España que él retrata es un país real: Niños miserables, menores desempeñando las tareas del trillador en la era, campesinos descalzos, mujeres con pañuelos negros cubriendo su cabeza, lavanderas en arroyos, barreños y regueras, suburbios de Madrid de inmigrantes pioneros venidos del campo, y un largo recorrido por la España de los años del desarrollismo.


Casa Lis 


Durante dos largas horas cualquiera se puede engolfar con la obra de Nieto. Son noventa fotografías que suponen un récor, porque jamás un fotógrafo de la RSF  ha podido presentar una muestra tan numerosa al mismo tiempo: Por la sencilla razón de que en sus salones no cabían. Es un largo vía crucis en la vida de España. Aunque el fotógrafo se escapó de la muerta, o la muerta huyó de él, quedó atrapado con la libertad condicional de los marginados. Igual que es verdad que pertenece de pleno derecho a los fotógrafos documentalistas de La Escuela de Madrid, también es constatable que los caciques que asumieron la cultura imperante, fueron los secuestradores de sus fotografías. Les negaron el pan y la sal. Su delito fue pertenecer a los perdedores. El documental que se exhibe en la sala de proyección continua, constituye una pieza clave que se integra en la Memoria Histórica, con todos los honores. Con esta exposición el Ministerio de Cultura hace justicia y saca de la postergación 
a un fotógrafo maldito. Sí, maldito. No solamente los hubo en la poesía.




La Muralla


Fotografías tomadas con un móvil lejos de la última generación.